Clásico entre los clásicos, este Montecristo Nº 2 siempre ha formado parte de mis habanos favoritos..., por su ligada, por su vitola.
Los que habéis leido algunas de mis catas sabéis mi predilección por los tabacos figurados, y dentro de estos, las pirámides ocupan un puesto preferencial. Especialmente porque todas las pirámides de las distintas marcas cubanas, me parecen excepcionales.
Recordemos que junto a este Montecristo, se tuercen en la misma fábrica, el H. Upmann Nº 2 y el Diplomáticos Nº2. Esta terna coincide en formato y mantienen los tres, similitudes en cuanto a sabor, aromas y fortaleza.
Y por otro lado tenemos también en el mismo formato el particularísimo Partagás serie P Nº2 y el delicioso Vegas Robaina Únicos.
Y aunque había fumado este Montecristo en varias ocasiones, aún tenía pendiente subir una reseña del mismo y que ocupe su merecido sitio en este blog. Siempre he presumido de que este habano es uno de mis favoritos, por tanto, su omisión aquí, me sonaba a ofensa.
En los años 70 y 80 no existían a la venta tabacos de grandísimas dimensiones como ahora. Los cepos gruesos los ocupaban algunas pirámides, algún prominente y posteriormente algún robusto. Por tanto de niño, el ver este habano en sus cajas era un deleite para los sentidos. Desde entonces conservo recuerdos a aromas de cedro y el brillo de sus aceitosas capas. Recuerdos de la niñez y alimento de fantasías...
Recientemente, y celebrando un cambio en mi vida laboral, decidí que mi fumada debería ser algo especial, y al pensar en el habano a elegir, me vino de súbito este Montecristo Nº 2.
El puro, como en otras ocasiones, me pareció excepcional. Las sensaciones que transmite este tabaco son fantásticas, tanto en sus aromas como en sus sabores. Su humo evoca al cedro y activa nuevamente mis recuerdos: fragancias a cueva (a la cueva de puros de mi padre), a madera, a cuero viejo...
Los sabores son sutiles, con un dulzor y suavidad elegantes en boca, con matices a especias y a miel, todo ello mezclado con un amargor delicioso, parecido al regaliz. Su evolución es natural y habitual, de menos a más en cuanto a fortaleza y mostrando nuevos sabores..., más profundos, con puntas de pimienta, café y chocolate.
Definitivamente un gran puro, un gran acierto, un clásico.
Fantasías de antaño, realidades presentes...






